Entre enero y marzo de 1995, cuando yo tenía 21 años, escribí Sombras, la parte central de A pesar de lo que digan. Ahora, cuando miro por encima lo que escribí me doy cuenta de que ni la primera parte ni la última tienen la mínima calidad necesaria para formar parte de una novela, así que Sombras se convierte en A pesar de lo que digan. La historia, aunque no completa, que escribí al salir de mi adolescencia.
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